El LINAJE es todo lo que nos conecta con nuestro pasado, desde mamá y papá hasta esos ancestros que, aunque no conocimos, siempre están presentes en nuestra historia. Cada generación aporta su huella, sus enseñanzas y también sus heridas.
La FAMILIA por su parte, es ese refugio que construimos a lo largo de la vida; está formada por nuestra pareja y nuestros hijos o hijas, quienes llenan nuestros días de amor y alegría, creando memorias que se entrelazan con nuestro ser.
La TRIBU, en cambio, está compuesta por todas esas personas que nos apoyan y acompañan en nuestro viaje, aunque no compartamos la misma sangre. Son los amigos, colegas y seres queridos que eligen estar a nuestro lado.
En ocasiones, nuestro linaje se desvanece, o tomamos la decisión de alejarnos de algunos miembros, todo en busca de nuestro bienestar emocional y mental. Esto puede ser un paso difícil, pero es esencial para crear un entorno saludable que fomente nuestro crecimiento.
Del linaje recibimos la vida, sí, pero un lazo saludable no se sostiene solo por compartirlo, “por pasar la vida”, sino por cuidarlo, valorarlo y estar presentes. Algunos miembros de nuestro linaje lo hacen, y otros, lamentablemente,
no. La elección de qué tan cerca o lejos deseas estar de tu linaje es personal y válida, basada en tus experiencias y decisiones. Tu bienestar no depende de la cercanía que tengas con tu linaje, sino de lo que sientas que es mejor
para ti.
En el seno familiar, es común que repitamos patrones o comportamientos que aprendimos de nuestro linaje. Si no sanamos esas heridas del pasado, es probable que continuemos repitiéndolos sin darnos cuenta. No lo hacemos porque queramos estar mal en el presente; es simplemente parte de lo que llevamos dentro. Como bien dijo Clarissa Pinkola, “Al repetir esa herida que tanto duele, aunque duele, te hace sentir un poco más en casa.”
Esta conexión con el dolor también nos da identidad, ya que es algo que recordamos y que nos define.
Es aquí donde el trabajo personal cobra una gran importancia. A través de la autoobservación y la sanación, podemos abrirnos a nuevas formas de enfrentar las situaciones que se nos presentan. La terapia, cuando se ofrece con amor y respeto, puede ser un valioso recurso para revisitar esos recuerdos y darles un nuevo significado, lo que nos permite realizar cambios significativos en nuestro presente.
La tribu se forma con amistades, compañeros, vecinos y esas hermanos de camino que encontramos en la vida. Este círculo de personas es fundamental, ya que nos abraza, nos respeta y nos hace sentir cobijados y queridos en esta parte tan esencial de nuestra existencia. Juntos, creamos un espacio seguro donde podemos ser auténticos y apoyarnos mutuamente, recordando que no estamos solos en nuestras luchas y alegrías.
Como puedes ver, contamos con al menos tres tipos de vínculos, y cada uno de ellos nos ofrece algo diferente.
A medida que navegamos por la vida, también nos convertimos en parte de otros linajes y tribus que se cruzan en nuestro camino. Así, nuestras conexiones se enriquecen y nos ayudan a crecer.
Aquí te comparto algunos consejos para fortalecer esos vínculos:
- Elige con cuidado la distancia o cercanía que deseas tener con tu linaje, siempre priorizando tu bienestar emocional.
- Trabaja en ti misma para disfrutar más de tu familia, evitando caer en viejos patrones que ya no te sirven.
- Busca una tribu amorosa, ya que en muchos momentos serán quienes sostengan tu corazón, esa manada que, a través de sus aullidos, lograste encontrar.
Recuerda que, en este viaje de vida, cada vínculo que construyes tiene el potencial de ofrecerte apoyo y amor.
Elige con el corazón, cuida tus lazos y, sobre todo, amate, cuidate y respetate antes que a nadie más.